jueves, 30 de julio de 2009

Peregrino quiere ser, el románico templo...

Por las puertas del viejo templo, que ya ha visto de todo, el peregrino pasa cansado y lento. Pasa el peregrino, como pasan los siglos, como pasa el camino. El templo permanece, impertérrito, mudo, somnoliento. Al menos, eso parece al espíritu que no está bien atento.
Sin embargo, al románico edificio, también lo sacudieron los tiempos. Desde que sus cimientos se clavaran, sobre los huesos de diosas y dioses más viejos, ha perdido formas, ha ganado elementos. Se enriqueció, con la presencia de fieles, propios y ajenos. Lo empobreció, la ausencia y el olvido de los que se fueron.
Así creció, despacito y callado, siempre viendo como la vida pasaba ante el, como un río eterno, mientras sus ojos, ojos pétreos, parecían llenarse con un no se qué inquieto. ¿Tal vez un ansia de marchar, tras los pasos del peregrino, lejos, muy lejos?
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El peregrino se aleja, cansado y lento, a mitad de camino entre su extraviado ayer y su mañana incierto. Mientras camina, parece que musita un rezo. ¿O serán los versos que le ha susurrado el viejo templo?
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Para mí el bordón solo.
A vosotros os dejo
la vara justiciera,
el caduceo,
el báculo
y el cetro.
Para mí el bordón sólo del romero…
Yo quiero el camino blanco y sin término.
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(León Felipe, “Antología Rota”, 1957).
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Salud y fraternidad.

5 comentarios:

juancar347 dijo...

Es curioso, pero también podría darse el caso de que algún peregrino quisiera ser templo para acariciar las auténticas, olvidades señales que han de marcarle el Camino. Estupenda entrada. Un abrazo

Alkaest dijo...

¿Quien puede saber, lo que vaga por la mente y el alma del peregrino?
Son tantas sus motivaciones, sus anhelos e incertidumbre, que todo es posible, hasta el que quisiera ser piedra, porque no sabe que ya es templo...

Salud y fraternidad.

juancar347 dijo...

Seguro. No hace mucho, en Santa María de Eunate, la amiga que me acompañaba le preguntó a un joven peregrino que por qué se había decidido a hacer el Camino. Él le respondió: para encontrar respuestas. Tal vez ahí esté la clave de todo...

Iconos dijo...

Un placer leerte, Alkaest. Creo que recuperas lo que debió ser el espíritu original del peregrino y su ruta. Pregunto a vosotros que, creo sabéis mucho sobre ésto: ¿el Camino no se ha convertido en un mercado insoportable? El otro día vi un reportaje en Cuatro TV y se me quitaron las ganas.

Alkaest dijo...

Por desgracia debo darte la razón, en parte. Como todo en esta vida, cuando algo tiene cierto éxito, acaba por caer en manos de los "mercaderes del templo", que convierten la cosa en un "parque temático" a la primera que te descuidas.
Es lo que se llama "morir de éxito".
Cuando hicimos el Camino, por vez primera, era el año 1974. Ibamos a pie, en auto-stop, en carros o tractores, lo que se pusiera por medio. No había albergues y dormíamos al raso, junto a los templos o en despoblado. Y las gentes, sobre todo las viejas gentes, se hacían cruces al volver a ver peregrinos. Ya que durante muchos años se consideró que eran una "especie extinta".
Luego, unos y otros, a base de escribir aquí y allá, conseguimos resucitar del olvido la Ruta Jacobea. Pero el precio a pagar ha sido "el turismo de masas". ¿Es un alto precio? Se puede discutir hasta la saciedad, pero el espíritu del camino, como el espíritu del Templo, permanece a pesar de los "mercaderes".
Quizá cuesta un poco más, poder sumergirse en su energía, pero creo que merece la pena.
Sólo hay que saber escoger el momento adecuado, lejos de vacaciones y veraneos comunales, para poder disfrutar de su encanto.
No te desanimes, inténtalo alguna vez, y ya me dirás.

Salud y fraternidad.