miércoles, 18 de noviembre de 2009

¿Románico andalusí...? (IIIª)

En la zona norte de la Ajerquía cordobesa, se alzaba un templo visigodo, donde continuó el culto mozárabe durante los primeros años de la ocupación musulmana. Luego fue derribado y, tras la conquista de Fernando III, se reconstruyó bajo la advocación de Santa Marina de Aguas Santas, con un estilo híbrido, pero impresionante, reutilizando materiales musulmanes. ¿Estamos ante un románico que quiere ser gótico, o ante un gótico que todavía no ha dejado de ser románico? Quizá ambas cosas a un tiempo.
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De la torre medieval, rehecha en 1550, se aprovechó la parte baja para capilla conservando el arranque de la escalera original. Luego, el templo sufrió importantes reformas internas en 1590, 1645 y 1680, que no afectaron a su singular y característica fachada principal. Fachada remata en piñón, con sus dos parejas de enormes botareles escalonados, que le dan aspecto de fortaleza, y enmarcan el rosetón sobre la portada. Este tipo de refuerzo, propio del primer gótico europeo, es aquí un exotismo que no se repetirá en otros templos cordobeses.
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La fachada oeste, que acusa la distinta altura de sus tres naves, contaba con otros tantos vanos. Un gran rosetón central, cuyas tracerías se reconstruyeron de forma esquemática, en el s.XIX, y dos óculos menores en los laterales, de los cuales ha desaparecido el de la nave sur sustituido por una ventana.
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Si el rosetón central procede de un románico-gótico “retardado”, los óculos de las naves laterales están en el ámbito de lo mudéjar, y si juzgamos por otros templos cordobeses similares, ambos debían poseer tracerías diferentes.
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Como todos los templos de su época, posee tres portadas ligeramente apuntadas. La principal, se encuadra entre los dos botareles centrales, sus lisas arquivoltas descansan sobre una franja que integra los pequeños capiteles y se expande a cada lado del extradós del arco; esta franja es semejante a la del templo de La Magdalena, con vegetales y animales, e igual que aquella está muy deteriorada.
Las arquivoltas están encuadradas por un alfiz mudéjar, trabajado con motivos geométricos, y protegidas por un tejaroz a base de modillones musulmanes de rollo simple. La portada sur es muy similar, y ambas responden a un gótico incipiente.
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En cuanto a la portada norte, otro símbolo de identidad del templo, tiene la originalidad de estar enmarcada por un destacado gablete gótico, en cuyo centro se abre una hornacina, con dos contrafuertes laterales a modo de pináculos, todo ello recorrido por cabezas de clavo.
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De arquivoltas lisas, el intradós contiene unos “dientes de perro” de puntas curvas. Como en las otras portadas, las arquivoltas apean sobre una faja de vegetales y animales. A pesar de su fuerte arcaísmo, podría datar de inicios del s.XIV.
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En la triple cabecera poligonal se aprecia también el estilo arcaizante, mientras los vanos de las naves son saeteras románicas, el ábside central tiene vanos tipo Chartres: alancetados, óculo lobulado y columnitas con capitelillos vegetales; al tiempo que, en los ábsides laterales, hay ventanas con celosías mudéjares de lacería.
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Su interior muestra pilares de origen románico del tipo de Poblet y Veruela; los arcos de separación de las naves son apuntados y doblados, sobre ellos corren otros de medio punto, que apean sobre las pilastras, y aquellos sobre las columnas de los pilares. Elementos que, en la zona norte peninsular, son propios del paso del s.XII al XIII, y del tránsito entre románico y gótico, pero que en Córdoba se emplean con un siglo de retraso. Los capiteles de la nave fueron picados, para colocar las falsas bóvedas barrocas que ocultaron las techumbres medievales, hacia 1645, siendo sustituidos por otros tallados a más bajo nivel seguramente imitando aquellos.
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Salud y fraternidad.