Muy cerca, sobre un cerro, desde el que se divisa Sierra Mágina y su imponente pico Aznaitín, existía otra ciudad íbera, de nombre ignorado, aunque se cree fundada por Idubeda, nieto de Tubal, la cual dependía de la vecina Bétula-Salaria. En tiempos de las invasiones visigodas, la ciudad del cerro, con el nombre de Bétula Nova, cobró importancia por su situación estratégica, a costa de Salaria que resultó abandonada. Su valor se acrecentó con la llegada de los invasores musulmanes, que la fortificaron y engrandecieron, entre 822-852, bajo el nombre de Madinat Ubbadat al-Arab: "Úbeda de los Árabes", para contrarrestar con su población totalmente musulmana, el peso de la sediciosa población mozárabe de la cercana Baeza.
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Tras la victoria de Las Navas, en 1212, Úbeda es asaltada y devastada por Alfonso VIII, quien debe abandonarla al poco tiempo. Hasta que al fin, en 1233, Fernando III la retoma definitivamente para los castellanos y la convierte en ciudad realenga, cabeza de un arciprestazgo. Como ciudad fronteriza, con el reino de Granada, recibe privilegios y concesiones reales, para favorecer el asentamiento de colonos, castellanos y leoneses en su mayoría, que den estabilidad a la urbe donde convivirán con judíos y moriscos.
Esta convivencia de las tres culturas, hizo prosperar la ciudad hasta que, en 1368, la guerra civil castellana, entre Pedro I y Enrique II, enfrentó a la nobleza local entre sí, y de paso con sus vecinos. Disensiones que no finalizarán por completo, hasta 1507, cuando los reyes Isabel y Fernando impongan la paz tras demoler la Alcazaba y parte de las murallas.
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El templo de San Pablo, segundo en antigüedad de Úbeda, es buen ejemplo de lo antedicho. Aquí hubo un santuario visigodo -quizá sobre uno íbero-, al que se permitió continuar su culto durante el inicio de la dominación musulmana, aunque luego fue convertido en mezquita de barrio. Durante la década de ocupación castellana (1147-1157), fue rehabilitado para uso cristiano, y vuelto a utilizar como mezquita por los almohades, y finalmente reedificado en estilo tardorrománico tras la reconquista de Fernando III (1233).
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Al reconstruirlo, se continuaron haciendo renovaciones y adiciones, de forma que hoy es un conjunto complejo que reune todos los estilos, desde románico hasta barroco. Su portada occidental, "de los Carpinteros" (1240), es uno de los pocos ejemplos de arquitectura tardorrománica de la ciudad reconquistada por los castellanos.
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Puestos ante el ábside, nuestra vista es atraída por una estética, aunque mastodóntica, fuente renacentista, adosada allí en 1559, y cargada de escudos nobiliarios. No deja de ser significativo que, habiendo tanto espacio en la plaza, se fuese a colocar la fuente precisamente allí... ¿Quizá porque se trataba de un viejo manantial sagrado, origen y motivo de la erección de los sucesivos templos en este lugar?
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Hay grandes piezas, como águilas, leones y monstruos, que pueden haber pertenecido a una portada, junto con otros pequeños elementos, como cornisas con vegetales, frutos y serpientes, que demuestran ser labores románicas. De un románico tardío, ciertamente, pero románico al fin y al cabo.
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Aquí está el busilis del asunto. ¿Se trata de la persistencia tardía, de un motivo muy querido del románico? ¿O acaso, este motivo, demuestra que procede de un templo edificado durante los diez años de ocupación castellana, a mediados del siglo XII?
Item mas. ¿Por qué, tras tanto reconstruir y reedificar, cuando todo se hizo prácticamente nuevo, después de 1368, se volvieron a utilizar estas viejas piedras románicas, cuyo simbolismo -en teoría- ya debía haberse perdido? ¿Qué canteros, y que comitentes, fueron quienes nos dejaron este rompecabezas constructivo?
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Este es uno de los enigmas de Úbeda, pero hay más, muchos más...
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Salud y fraternidad.
2 comentarios:
No me cabe duda de que Jaén es una provincia con numerosos misterios semi desvelados y otros muchos aún por desvelar. Y desde luego, tanto Baeza como Úbeda, no se quedan a la zaga. Recientemente, están apareciendo multitud de cosas interesantisimas en yacimientos próximos a la zona; de manera, que entre las novedades que vayan saliendo a la luz, y los amplios conocimientos del Magister Alkaest, auguro una serie de entras próximamente, que prometen ser de lo más jugoso y apetecible para el más pertinaz de los gourmets del misterio. Ánimo, Magister, ¡y adelante con esos misterios!.
Los comitentes fueron variadísimos y varipintos. desde Fernando III, Enrique de Trastámara que la reconstruye tras su incendio y el propio clero, cuando lo instiyuye cabeza de arciprestazgo. Tampoco creo que fueran ajenos a la pujanza de Baeza que ya había adoptado las nuevas corrientes artísticas. Pero creo que es como consecuencia del asolamiento de la ciudad por Mohamed V de Granada y de Don Pero Gil, cuando se acomete la modificación del ábside central donde se encuentra el mejor exponente del núcleo tardorrománico al que te refieres, y aun cuando se suprimen los ábsides laterales, se resuelve conservar-reutilizar los canes originales de su culto cristiano con Fernando III realizados, quizá, por aquellos maestros conquenses que lo acompañaron en su incruenta reconquista.
Salud y románico
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