jueves, 18 de diciembre de 2008

San Crispín Leprechaun, el románico “zapatero de las hadas”.

Ese viejísimo libro románico de piedra, que es la portada sur en el templo de Santa María la Real, de Sangüesa (Navarra), muestra, entre otras muchas, la historia de unos curiosos genios de la Antigua Religión, de profesión zapateros...
Entre el embarullado tropel de personajes, que pueblan enjutas, pilares y arquivoltas, pasa desapercibido un dúo que está trabajando un zapato. Uno solo. Ambos tienen la pieza, terminada, sobre el regazo, mientras la repasan para rematarla y abrillantar el cuero.
No parece que haya en ellos mucho misterio, se trataría de san Crispín y su hermano Crispiniano, patronos de los zapateros medievales. Sin embargo, si algo conocemos de los imagineros románicos, es que sus obras nunca son lo que parecen, aunque parezcan lo que son.
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Dice la mitología cristiana que, en el s.III, los patricios romanos Crispín y Crispiniano abrazaron la nueva fe, repartieron sus bienes entre los pobres, y marcharon a Soissons, en la Galia. Allí aprendieron el oficio de zapatero, que ejercitaban con gran arte, para ganar el sustento, mientras predicaban a los irreductibles galos. Hacia el 288, por persistir en sus creencias contrarias al Imperio, fueron “premiados” con el martirio. Sus discípulos enterraron los cuerpos en Soissons, pero llevaron las cabezas a Roma.
En Britania, existe otra versión de este mito. Arviragus, rey celta de Powisland (Gales), tenía un hijo llamado Hugh en honor a uno de los cuervos de Odín. A pesar de ser fiel a la Antigua Religión, casó con una princesa cristiana, Winifred de Flintshire. Siguiendo el refrán de que “tiran más dos tetas que dos carretas”, Hugh hizo caso a su mujer y abrazó el cristianismo. El resultado fue, un completo rechazo social y la pobreza. Para sobrevivir, el galés se hizo zapatero. No le fue mal, predicaba por el día, trabajaba por la noche y mantenía su casa medianamente. Hasta que, condenados por agitadores, fueron ahorcados hacia el 300. Aquí, los discípulos hicieron algo bastante más extraño que los de Soissons. Siguiendo un viejo ritual céltico, descarnaron los cadáveres, y con los huesos hicieron herramientas propias del oficio. De aquí vino la tradición medieval, de llamar “Los huesos de san Hugh” a un lote de herramientas de zapatero.
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Así que tenemos a tres personajes, Crispín, Crispiniano y Hugh, celtas o relacionados con ellos, convertidos en santos patronos de los zapateros. Pero ¿su conexión celta es simple casualidad, o esconde algo más profundo?
Los dos primeros, van a vivir y predicar en la Galia. El tercero, no solo es galés de pura sangre, sino que en su matrimonio se une la Antigua Religión con la nueva.
En los países celtas de los primeros siglos, cuando el cristianismo no era todavía más que una oscura nubecilla en el horizonte, el gremio de los zapateros tenía por patronos a los Lugoves, tres personajes que no eran sino la manifestación triple del dios Lug. En nuestra Celtiberia, han quedado testimonios de ellos en diversas aras votivas de Galicia y Osma (Soria), en las que solo cambia el nombre del oferente: “Lugovibus sacrum L. Licinivs Vrcico collegio sutorum d.d.”. [A los sagrados Lugoves lo dedica L. Licinio Urcico del gremio de zapateros].
Una leyenda irlandesa, para explicar el carácter triple de Lug, dice que éste es el único superviviente de tres hermanos de igual nombre, los Lugoves. Estos tres personajes, no murieron cuando la Antigua Religión fue suplantada, los templos derribados y los druidas perseguidos.
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Las leyendas irlandesas y galesas, que son el último refugio de los viejos dioses, nos hablan del Leprechaun, el “zapatero de las hadas”, aunque este es el nombre para numerosos duendes de idéntica profesión, resabio de aquellos Lugoves. Los que aquí conocemos como trasgos, trasnos, o trasgus. Viven en las raíces de los árboles, o en las viejas ruinas, dedicados por el día a fumar su pipa y beber cerveza, y por la noche, mientras cantan alegremente, a su tarea de fabricar el calzado de las hadas, pero solo una pieza, nunca dos. ¿Quizá porque es para ciertas hadas, que tienen un pie humano y otro de oca?
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“Grandes botas de caza, zapatillas de salón
blancas de boda y rosas para bailar.
De esta manera, de esta manera,
fabricamos un solo zapato
y nos enriquecemos a cada puntada.
¡Tick-tack-tuck...! ¡Tick-tack-tuck...!”
(William Allingham 1824-1889).
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Cuando hay luna llena, se emborrachan y acaban cabalgando los campos sobre gatos, perros, o ganado doméstico. Tienen grandes riquezas, pues las hadas les pagan bien sus trabajos, y si alguien captura un Leprechaun, cosa difícil pues son sumamente escurridizos, éste entregará su oro a cambio de la libertad, aunque generalmente es un truco y al día siguiente el oro se ha convertido en carbón.
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El último eco, de los triples Lugoves, aparece en un cuento de los Hermanos Grimm, titulado “El zapatero y los duendes”. Trata de un artesano, reducido a la pobreza, al que esa noche solo le queda un trozo de cuero para un par de zapatos. A la mañana siguiente, lo encuentra convertido un precioso par de zapatos, que pudo vender a buen precio y comprar más cuero. El prodigio continuó, día tras día, y el zapatero salió de la miseria, aunque cada vez más intrigado. Faltando poco para la fecha mágica de la Navidad, la esposa del zapatero no pudo más. Propuso espiar escondidos, durante toda la noche, para ver al fin el misterio del caso. Dejaron una pequeña vela encendida y esperaron. Al dar las doce campanadas, vieron como, surgidos de la nada, entraban tres seres desnudos, pequeños como duendes, que se pusieron a la faena con presteza y antes del amanecer habían terminado numerosos pares de zapatos.
Ya solos, la mujer propuso al zapatero mostrar su gratitud a los duendecillos: ella confeccionaría tres pequeños trajes y él tres pares de botitas. Cuando los personajillos volvieron a la noche, encontraron los presentes. Se los encasquetaron, cantando y bailando ante el espejo: -“Ahora somos duendecillos agradables de ver. ¿Por qué zapateros tenemos que ser?”. Y desaparecieron para no volver más, aunque el zapatero ya no tuvo necesidad de sus servicios, pues todo le fue bien desde entonces.
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Lugoves, Leprechaun, duendecillos zapateros, todos ellos ramas de un solo tronco, el mismo del que brotarían Crispín, Crispiniano y Hugh. El tronco de la Antigua Religión, cuyos célticos retoños podemos apreciar en la magnífica portada de Santa María en Sangüesa. Allí, junto al Leprechaun, podemos contemplar al herrero Regin restaurando la mágica espada, Gram, con la cual Sigurd mata al dragón Fafnir, y al bañarse en su sangre entiende el “lenguaje de los pájaros”; también podemos ver el anillo de poder Andvarinaud, al Caballero del Ragnarok, la Serpiente del Midgard, la maga Kundry, la druidesa Morgana, y a tantos otros, que ya se han perdido en las nieblas de Avalon...
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Salud y fraternidad.

7 comentarios:

Manuel Trujillo Berges dijo...

Una entrada sumamente interesante, la verdad. Conozco Santa María la Real, y al menos una vez al año la visito, aunque no me había fijado en el detalle del zapatero.

Sí conocía el misterio que rodea a la portada, empezndo porque fue desmontada y vuelta a montar en desorden, de modo que lo que hoy vemos es como un puzzle mal construido.

Algo de interés es la saga escandinava que nos muestra, con una leyenda sobre una espada mágica y un dragón.

Veremos en qué queda la limpieza.

Por cierto, no sólo contaba con redactar una entrada sobre Santa María sino que, además, la intención es toda una saga al románico de Sangüesa, incuyendo la desconocida maravilla de San Adrián de Vadoluengo, que antaño fue la frontera entre Navarra y Aragón. Y ya, de paso, redactar unos artículos con imágenes para la Biquipedia aragonesa, que tengo muchísimas...

Alkaest dijo...

Esperamos con impaciencia tus entradas sobre Sangüesa, que serán tan sabrosas como suponemos.

Conozco San Adrián de Vadoluengo, lo descubrí haciendo el Camino de Santiago, allá por 1974. Un templo "modesto" pero rico en detalles, realmente es uno de los tesoros "olvidados" de la zona.

Salud y fraternidad.

Anderea dijo...

La fotografía. Tan bella.

¿Dónde está tomada, Alkaest?

Alkaest dijo...

Se trata del Embalse de Arlanzón, junto a Pineda de la Sierra (Burgos), en la Sierra de la Demanda. A mediados de un mes de marzo, cuando en las cumbres todavía arreciaba la helada y por los valles se desparramaba la niebla.
Si visitas mi blog "Pájaros viajeros", podrás ver otras fotos de éste lugar y día.
http://rah7alkaest.blogspot.com/

Salud y fraternidad.

Anderea dijo...

Cuánta belleza también en esas otras fotografías y qué interesante "Pájaros viajeros".

Gracias, Alkaest.

Malvís dijo...

Y después de leerte, me quedo con la incógnita ¿ Cómo alguna gente puede bautizar a su lindo gatito con el nombre de Crispín?.

¡ Desalmados¡

Alkaest dijo...

Curioso Malvís, eso es porque el "lindo gatito" tiene bastante del Leprechaun: ese duendecillo felino holgazanea por el día y "trabaja" por las noches, cuando nadie lo ve...

Salud y fraternidad.