Entre el embarullado tropel de personajes, que pueblan enjutas, pilares y arquivoltas, pasa desapercibido un dúo que está trabajando un zapato. Uno solo. Ambos tienen la pieza, terminada, sobre el regazo, mientras la repasan para rematarla y abrillantar el cuero.
No parece que haya en ellos mucho misterio, se trataría de san Crispín y su hermano Crispiniano, patronos de los zapateros medievales. Sin embargo, si algo conocemos de los imagineros románicos, es que sus obras nunca son lo que parecen, aunque parezcan lo que son.
En Britania, existe otra versión de este mito. Arviragus, rey celta de Powisland (Gales), tenía un hijo llamado Hugh en honor a uno de los cuervos de Odín. A pesar de ser fiel a la Antigua Religión, casó con una princesa cristiana, Winifred de Flintshire. Siguiendo el refrán de que “tiran más dos tetas que dos carretas”, Hugh hizo caso a su mujer y abrazó el cristianismo. El resultado fue, un completo rechazo social y la pobreza. Para sobrevivir, el galés se hizo zapatero. No le fue mal, predicaba por el día, trabajaba por la noche y mantenía su casa medianamente. Hasta que, condenados por agitadores, fueron ahorcados hacia el 300. Aquí, los discípulos hicieron algo bastante más extraño que los de Soissons. Siguiendo un viejo ritual céltico, descarnaron los cadáveres, y con los huesos hicieron herramientas propias del oficio. De aquí vino la tradición medieval, de llamar “Los huesos de san Hugh” a un lote de herramientas de zapatero.
.
Los dos primeros, van a vivir y predicar en la Galia. El tercero, no solo es galés de pura sangre, sino que en su matrimonio se une la Antigua Religión con la nueva.
En los países celtas de los primeros siglos, cuando el cristianismo no era todavía más que una oscura nubecilla en el horizonte, el gremio de los zapateros tenía por patronos a los Lugoves, tres personajes que no eran sino la manifestación triple del dios Lug. En nuestra Celtiberia, han quedado testimonios de ellos en diversas aras votivas de Galicia y Osma (Soria), en las que solo cambia el nombre del oferente: “Lugovibus sacrum L. Licinivs Vrcico collegio sutorum d.d.”. [A los sagrados Lugoves lo dedica L. Licinio Urcico del gremio de zapateros].
Una leyenda irlandesa, para explicar el carácter triple de Lug, dice que éste es el único superviviente de tres hermanos de igual nombre, los Lugoves. Estos tres personajes, no murieron cuando la Antigua Religión fue suplantada, los templos derribados y los druidas perseguidos.
.
.
“Grandes botas de caza, zapatillas de salón
blancas de boda y rosas para bailar.
De esta manera, de esta manera,
fabricamos un solo zapato
y nos enriquecemos a cada puntada.
¡Tick-tack-tuck...! ¡Tick-tack-tuck...!”
(William Allingham 1824-1889).
.
Cuando hay luna llena, se emborrachan y acaban cabalgando los campos sobre gatos, perros, o ganado doméstico. Tienen grandes riquezas, pues las hadas les pagan bien sus trabajos, y si alguien captura un Leprechaun, cosa difícil pues son sumamente escurridizos, éste entregará su oro a cambio de la libertad, aunque generalmente es un truco y al día siguiente el oro se ha convertido en carbón.
.
Ya solos, la mujer propuso al zapatero mostrar su gratitud a los duendecillos: ella confeccionaría tres pequeños trajes y él tres pares de botitas. Cuando los personajillos volvieron a la noche, encontraron los presentes. Se los encasquetaron, cantando y bailando ante el espejo: -“Ahora somos duendecillos agradables de ver. ¿Por qué zapateros tenemos que ser?”. Y desaparecieron para no volver más, aunque el zapatero ya no tuvo necesidad de sus servicios, pues todo le fue bien desde entonces.
.
.
Salud y fraternidad.
7 comentarios:
Una entrada sumamente interesante, la verdad. Conozco Santa María la Real, y al menos una vez al año la visito, aunque no me había fijado en el detalle del zapatero.
Sí conocía el misterio que rodea a la portada, empezndo porque fue desmontada y vuelta a montar en desorden, de modo que lo que hoy vemos es como un puzzle mal construido.
Algo de interés es la saga escandinava que nos muestra, con una leyenda sobre una espada mágica y un dragón.
Veremos en qué queda la limpieza.
Por cierto, no sólo contaba con redactar una entrada sobre Santa María sino que, además, la intención es toda una saga al románico de Sangüesa, incuyendo la desconocida maravilla de San Adrián de Vadoluengo, que antaño fue la frontera entre Navarra y Aragón. Y ya, de paso, redactar unos artículos con imágenes para la Biquipedia aragonesa, que tengo muchísimas...
Esperamos con impaciencia tus entradas sobre Sangüesa, que serán tan sabrosas como suponemos.
Conozco San Adrián de Vadoluengo, lo descubrí haciendo el Camino de Santiago, allá por 1974. Un templo "modesto" pero rico en detalles, realmente es uno de los tesoros "olvidados" de la zona.
Salud y fraternidad.
La fotografía. Tan bella.
¿Dónde está tomada, Alkaest?
Se trata del Embalse de Arlanzón, junto a Pineda de la Sierra (Burgos), en la Sierra de la Demanda. A mediados de un mes de marzo, cuando en las cumbres todavía arreciaba la helada y por los valles se desparramaba la niebla.
Si visitas mi blog "Pájaros viajeros", podrás ver otras fotos de éste lugar y día.
http://rah7alkaest.blogspot.com/
Salud y fraternidad.
Cuánta belleza también en esas otras fotografías y qué interesante "Pájaros viajeros".
Gracias, Alkaest.
Y después de leerte, me quedo con la incógnita ¿ Cómo alguna gente puede bautizar a su lindo gatito con el nombre de Crispín?.
¡ Desalmados¡
Curioso Malvís, eso es porque el "lindo gatito" tiene bastante del Leprechaun: ese duendecillo felino holgazanea por el día y "trabaja" por las noches, cuando nadie lo ve...
Salud y fraternidad.
Publicar un comentario