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El románico toma del mundo céltico rosetas, poliskeles, entrelazos y nudos, como símbolos que manifiestan la energía cósmica, renovadora del universo. Los entrelazos, son "huevos del mundo" esquemáticos: nudos de serpientes, símbolo del renacer cíclico de la Naturaleza y protectores contra el mal. Igualmente, lo son del espíritu humano evolucionado que, al desatarlos, han desatado aquello que los anclaba a la materia -de ahí su similitud con la espiral y el laberinto-. Creencia antigua, compartida por druidas y pitagóricos, que asume la nueva fe, porque la Tierra tenía esta cualidad suprema en el Paraíso y la retomará tras el Apocalipsis: renacer, crecer y germinar con nuevas energías. Y a imagen suya, la humanidad purificada también renacerá, tanto espiritual como materialmente.
No olvidemos que la raíz griega de la palabra "nudo" es "gna", saber, de la que deriva "gnosis", o sabiduría oculta. Luego donde hay un nudo hay "sabiduría oculta".
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