miércoles, 23 de enero de 2008

"Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva"

La "Jerusalén Celeste", sobre el tejado del presbiterio.

La Nueva Jerusalén, metopa en galería septentrional del Templo.
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Monasterio Cisterciense de San Andrés del Arroyo, 1181-1222, Santibáñez de Ecla (Palencia).
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En el medievo, era corriente representar mediante fortalezas las dos formas de la Jerusalén simbólica, terrestre y celeste, como imagen de la virtud regeneradora de la creación. Al acabar este ciclo, tras el Juicio Final, la Jerusalén Terrestre, material, habitada por los hijos del pecado, será sustituida por la Jerusalén Celeste, espiritual, habitada por los hijos de la virtud.
Los Compañeros Constructores consideraban que, con su trabajo, estaban ayudando al advenimiento de la Ciudad Divina, ya que cada templo pretendía ser la imagen resumida de esa ciudad ideal. En ningún lugar es más cierto eso, que en el Monasterio de San Andrés del Arroyo. Aquí, el Magister nos dejó una magnífica señal con esa Jerusalén Celeste, de piedra pero tan etérea, situada sobre el tejado del presbiterio. Una señal y una esperanza, para el fin de un ciclo cósmico.