viernes, 7 de noviembre de 2008

¡Al druida lo pintan “calvo”!

Sobre la arquitectura románica peregrinan unos singulares personajes, que causan nuestra extrañeza por el peculiar corte de pelo que lucen. Porque se trata de corte de pelo, intencionado, y no de calvicie.
¿Estamos ante una moda, impuesta por los estilistas románicos? ¿Es un símbolo de rebeldía, adoptado por los inconformistas del primer medievo? ¿Se trata de una señal de reconocimiento, para los componentes de algún grupo heterodoxo?
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Los compañeros escultores, por norma, representaban escenas simbólicas referidas a los mensajes religiosos que cada patrón les encomendaba fijar sobre la piedra. Pero, salvo en el caso de los monstruos y animales mitológicos, sus personajes reflejan exactamente los tipos corrientes de la época. Vestidos, utensilios, rostros, armas, adornos y peinados están sacados de la vida diaria. Se puede hacer un perfecto catálogo, de la moda del momento, con las imágenes de los templos románicos: capiteles, arquivoltas, canes, tímpanos, despliegan la rica variedad de vestimentas, joyas y peinados de la sociedad, en todos sus estratos.
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Entonces ¿a qué responde el extraño corte de pelo, antes aludido? No son calvos, pues aquellos afectados de alopecia están representados tal cual. Y tampoco parece ser una moda, pues los ejemplares conservados son escasos, comparados con la rica variedad de modelos capilares más comunes.
¿Y qué otros peinados existen que sean poco usuales, que correspondan a un grupo específico de individuos? Que nosotros sepamos, tan sólo la tonsura, esa corona circular de cabello sobre el cráneo afeitado de los monjes, para indicar su entrega al hábito y al dios que sirven. Y aquí está “la madre del cordero”, porque esa tonsura, conocida como “de San Pedro”, surgida hacia el s.IV, es propia del clero que en la nueva religión sigue el rito romano.
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Sin embargo, durante el medievo, existieron diversos ritos: bracarense, visigodo, celto-irlandés, sirio, armenio, copto, etíope, etc. Algunos subsisten hasta hoy –quedan unos veinte ritos litúrgicos-, otros, como el visigodo o el celta, fueron suprimidos pronto. Y precisamente entre los monjes célticos, una peculiaridad de su rito era la tonsura llamada “de San Juan”, Maghi o Mag, rasurando la parte central y delantera del cráneo, pero dejando un mechón posterior y los laterales.
Cuando el Sínodo de Whitby, en el 664, unificó con el romano el rito irlandés –es decir que lo borró del mapa-, una de las características que se prohibió expresamente fue la tonsura celto-irlandesa, implantada por San Patricio, pero de herencia druídica. Cuya condena habían recogido ya los Concilios de Toledo y Braga, en el s.VII, demostrando que tal práctica era común en los reinos hispano-romanos, evangelizados en parte por monjes celtas.
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Y visto lo visto, en diversas esculturas románicas, parece que las costumbres rituales del monacato céltico continuaron mucho después de su prohibición, hasta bien entrado el siglo XII, según demuestran las tonsuradas esculturas de los templos.
¿Cómo es posible? ¿Se trata de monjes rebeldes a la obediencia romana? ¿Grupos de creyentes heterodoxos? ¿La fuerza de la costumbre? No olvidemos, que las creencias y sus prácticas son más fáciles de condenar que de erradicar... No olvidemos, que el mundo románico es un laberinto del que desconocemos muchos recovecos...
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[Dedicado a mis "bruj@s" de Barahona].
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Salud y fraternidad.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Día de "Todos los Santos", día de Todos los Espíritus...

Hacia el año 835, el papa Gregorio III estableció, para las fechas del 31 de octubre y 1 de noviembre, las festividades de "La víspera" y el "Día de Todos los Santos", con el fin de que la nueva religión acabase con las creencias, de la Antigua Religión, celebradas en idénticas fechas: la Fiesta de Samhain, o del año nuevo celta.
Es lo que se llama "sincretismo", es decir: apropiarse una creencia anterior, camuflándola con los pretextos teológicos de la nueva creencia, para atraerse a los fieles de la Antigua Religión que se resisten a cambiar de credo.
¿Por qué traemos a colación ésto? Muy sencillo, es un simple ejemplo de como numerosas creencias, del mundo celta, de la Religión Antigua, pasaron a la nueva religión y a su programa iconográfico dentro de la arquitectura románica. Sincretismo, asimilación, disimulo, o robo descarado -como queramos llamarlo-, de ideología religiosa, en el que participaron activamente las comunidades celtas cristianizadas y los monjes irlandeses de San Columbano.
El mundo románico, no lo olvidemos nunca, está formado, en gran parte, por los restos del mundo céltico. Aunque, los que realizaron tal sincretismo, se hayan encargado de ocultarnos celosamente tal circunstancia.
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Salud y fraternidad.

jueves, 30 de octubre de 2008

¡Feliz fiesta de Samhain!

Feliz año nuevo celta a todos...

Salud y fraternidad.

jueves, 23 de octubre de 2008

Geometría románica. ¿El "quinto elemento"?

Templo de Santa María la Mayor, s.XII, ventana absidal, Abajas (Burgos).
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Se han hecho toda clase de estudios sobre el simbolismo de las imágenes románicas: humanas, animales o vegetales, ahí está la magnífica obra de L. Charbonneau-Lassay, El bestiario de Cristo, por ejemplo. Sin embargo, prácticamente, no existen estudios similares sobre el simbolismo geométrico del templo románico, cuando en él abundan dichos elementos. ¿A qué oscura simbología pitagórica aluden esos trazos? ¿Hasta que esotéricos conceptos platónicos, iniciáticos, nos remontan? ¿O son tan sólo líneas “decorativas”?
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Templo de San Juan, s.XII, ventana absidal, Portomarín (Lugo).
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Templo de San Juan, s.XII, ventana absidal, Portomarín (Lugo).
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En la Grecia clásica, las ciencias matemáticas eran cuatro: aritmética, geometría, astronomía y música. Platón, el gran neopitagórico, afirmaba: “Hay que comenzar con el estudio de los números, seguir con la geometría, la estereometría y la armonía, para alcanzar la verdadera ciencia astronómica. Todas ellas permiten captar la Unidad de todos los fenómenos por contemplación. Por medio de estas cuatro ciencias puede elevarse la mejor parte del alma a la contemplación del mejor de los seres”. Había colocado una sentencia sobre el frontispicio de su Academia: “Nadie entre aquí si no es geómetra”.
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Templo de San Miguel, s.XII, ventana absidal, Carcedo de Bureba (Burgos).
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El esotérico filósofo, denominó a las figuras geométricas: “cosas después de los números”, o también: “líneas, planos y sólidos que vienen tras los números”. Pues, al igual que estableció una relación entre las Ideas y los Números, estableció otra entre las Ideas y la Geometría. Desarrollando, con terminología diferente, los conceptos pitagóricos de las figuras cósmicas: “Cinco son las figuras sólidas que se llaman también matemáticas, Pitágoras dice que del cubo se ha generado la tierra, de la pirámide el fuego, del octaedro el aire, del icosaedro el agua, del dodecaedro la esfera del universo”.
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Salud y fraternidad.

martes, 16 de septiembre de 2008

La catedral celta de Britonia sobre la fuente del hada "Lumia".

Templo de San Martiño, ss.X-XII, San Martiño de Mondoñedo (Lugo). [Fotos 17 julio 2008].
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A 5 kms de Foz (Lugo) se encuentra el lugar de San Martiño de Mondoñedo, la pequeña aldea de hoy fue antaño, cuando era llamada Mendunieto, sede de un Obispado y capital de una próspera provincia. De todo aquel esplendor sólo queda el templo de San Martiño, imponente rompecabezas pétreo, al presente lleno de remiendos pero que fue un día espléndida Catedral románica. Un templo que se levantó a la sombra de una fuente medicinal, custodiada por una “Lumia” con pies de ganso, según unas tradiciones populares, o cola de serpiente, según otras. En realidad, un hada de los manantiales venerada entre los galaicos desde tiempo inmemorial.
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Ábsides, los dos laterales de estilo "lombardo" [contrafuertes de 1866].
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En Britania, tras la retirada de los romanos, los celtas bretones comenzaron a ser presionados por pictos, jutos, anglos y sajones. Entre los ss.IV-VI, varios millares de bretones emigraron al continente en oleadas sucesivas. La mayoría se asentó en Armórica (Galia), donde crearon el reino de Bretaña, los restantes fueron hasta Gallaecia (Hispania), para instalarse en una comarca marítima, al norte, entre Ferrol y el río Navia, que llamarían Britonia. La capital de esta Provincia galaico-romana era Bretoña (entre Meira y Mondoñedo), donde en tiempos de la invasión sueva (411-585) se creó un obispado por influencia de san Martín Dumiense. Esta sede formaba parte de una “federación monástica”, inspirada en modelos celtas irlandeses y bretones, junto a otras diócesis-monasterio que alcanzaron su apogeo con san Fructuoso. Y, en el lugar de Mendunieto, se fundó el Monasterio Máximo (hacia 560) para cristianizar un lugar de culto celto-romano-suevo, establecido alrededor de una fuente consagrada al genio acuático Lumia.
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Lado sur, se aprecian las "restauraciones", la torre es del s.XV-XVIII.
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Por sus buenas relaciones con los obispos suevos de Braga, cuando los visigodos arrasan la capital del reino (585), los notables suevos encontraron refugio en Britonia. Más tarde, en el 860, se acogen aquí al abad Sabarico y los monjes de Dumio (Braga, Portugal) que huyen de los musulmanes. Estos emigrados ponen el Monasterio bajo la advocación de los santos Martín de Tours y Martín Dumiense, este último apóstol de los suevos. Luego todos deben huir para Asturias, por la invasión árabe. Regresan hacia el 866, cuando el rey Alfonso III (866-911) traslada la sede episcopal de Bretoña a Mendunieto por el peligro de las incursiones vikingas. En efecto, el 966 y el 971 Bretoña fue arrasada por los normandos, y la capital se trasladó también a Mendunieto, junto al Monasterio Máximo.
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Fachada oeste, en la portada quedan restos suevos, del s.VI, columnas y capiteles.
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Durante éste período, a caballo entre los ss.X y XII, se levanta el templo actual, finalizado por san Gonzalo, catedral que es hoy la más antigua de Celtiberia. Por esta sede pasaron quince obispos, entre ellos san Rosendo (925-948), “san” Gonzalo (1070-1108) –santo por aclamación popular- y Nuño Alonso (1112-1136), coautor de la Historia Compostelana. En el s.XII, la parte oriental de la Provincia-obispado fue cedida a Oviedo, y en 1112 la reina Urraca (1109-1126) traslada definitivamente la sede episcopal a Villamayor de Val de Brea, rebautizada como Mondoñedo en honor de la antigua Mendunieto. Así, el viejo Monasterio Máximo, entra en una aurea mediocritas de la que no se recuperará.
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Muro norte, se aprecian los numerosos "remiendos" de sucesivas reconstrucciones.
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El templo, comenzado en el s.VI, fue reedificado en los ss.X y XII, con numerosas reparaciones intermedias y posteriores. Su planta basilical, con crucero señalado en alzada, tuvo torre cimborrio que se hundió; triple ábside, los laterales de estilo lombardo; y naves de alzado desigual con portadas al lado norte, hoy cegadas o deformadas. Su fachada oeste muestra reformas tardías y elementos reutilizados de la obra anterior. La portada de este lado es sencilla, con crismón, y sobre él Agnus Dei en círculo tetralobulado, casi seguro piezas suevas o visigodas del s.VII reutilizadas. La torre, adosada al sur de la fachada, es muy posterior al románico, ss.XV a XVIII. [Los contrafuertes absidales son de 1866].
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Interior, naves hacia los ábsides, en la central se aprecian los arranques del perdido cimborrio.
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Su interior contiene capiteles ricos en simbología, mezcla de mitología cristiana y céltica: Madre Tierra que amamanta animales y está acompañada por una Lumia, bajo un entrelazo; banquete de Epulón y Lázaro; pareja, con andrófagos de doble cuerpo que comparten cabeza; serpiente sigmoidea; monstruos afrontados. Por el templo se encuentran empotradas, sin orden ni concierto, diversas piezas de los sucesivos edificios aquí levantados y reconstruidos durante siglos. Un capitel vaciado y reutilizado como pila de agua bendita; canes de los aleros recolocados en los muros interiores, para sostener tribunas de madera, arcos añadidos, etc.
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Interior, capitel de la Madre Tierra y la Lumia con cola de serpiente.
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También es material de reempleo el frontal de altar, o antipendio, del s.X, con Maiestas Domini dentro de mandorla circular, Agnus Dei, águila (¿parte del Tetramorfo?), cuatro ángeles y tres personajes (¿los obispos de las siete iglesias del Apocalipsis?). Parece que está incompleto, faltaría una placa de piedra al lado derecho, completando el presunto Tetramorfo y los citados obispos apocalípticos.
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Interior, capitel de las pareja con andrófagos y serpiente sigmoidea.
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Al puzzle se añaden las pinturas románicas del muro sur, mezcladas con otras posteriores, góticas y renacentistas, en los ábsides. Y el sarcófago de “san” Gonzalo, dentro del cual se encontraron su báculo, acabado en cabeza animal que tiene una esfera en su boca, y su anillo de oro con la piedra de cuarzo sujeta por cuatro cabezas de ave, con la inscripción NOLO ESSE DATUS NEQUE VENUM DATUS, “no quiero ser dado ni vendido”. Alzando este báculo y orando, dicen que detuvo cierta invasión normanda pues creó una tormenta que hundió la flota vikinga.
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La fuente de A Zapata, "la zapatilla", custodiada por una Lumia con pies de ganso...
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A este don Gonzalo atribuyen que volviera a fluir la Fuente de "A Zapata", s.XI, con aguas curativas, por el “milagroso” procedimiento de arrojar una zapatilla contra la roca, para espantar la Lumia que tenía retenido el manantial porque los cristianos habían levantado el templo junto a su fuente. Extraño proceder para un obispo cristiano, puesto que recuerda procedimientos de los aquilegus y tempestarii, zahoríes celto-romanos, que así alejaban las tormentas y atraían el agua de lluvia. Y acabamos de ver como “san” Gonzalo actuó de tempestarii, creando la tormenta que impidió la invasión vikinga... ¿Será por eso que sólo es santo “popular” y no “oficial”? Durante siglos las gentes vinieron por esta agua de la Lumia, incluso desde sitios muy distantes, debido a la fama de mágico-milagroso-curativas que gozaban.
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La fuente de "A Zapata", cegada por la Lumia en venganza por haber levantado un templo cristiano sobre ella.
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Como todos los integristas de “corazón puro”, san Martín Dumiense (515-580), pensaba que las creencias espirituales de los demás eran “superstición” y las suyas “religión”. Por eso había advertido, en sus De correctione rusticorum, sobre éstos antiguos seres sagrados, pues el pueblo galaico estaba imbuido de creencias religiosas célticas, romanas y germánicas que, para el santo evangelizador de los suevos, no eran más que “paganismo del Diablo”:
Muchos demonios, expulsados del cielo, presiden el mar, los ríos, las fuentes, las rocas y los bosques, y los hombres les dan culto como a dioses. En el mar los llaman Neptuno, en los bosques Diana, en los ríos Ninfas y en las fuentes Lamias...”
¡Así escriben la historia los vencedores!
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Salud y fraternidad.

viernes, 5 de septiembre de 2008

El espíritu de la Diosa sopla donque quiere... (La roca, IV)

Templo de Santa Cecilia, mediados s.XII, Vallespinoso de Aguilar (Palencia).
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El sentido mágico, sagrado, de los afloramientos rocosos, no depende de su tamaño o grandiosidad. Una pequeña elevación pétrea, puede constituir un lugar de poder tan significativo como una gran montaña. La madre Tierra dispensa sus fuerzas internas, en forma de wouivres o serpientes telúricas, a su antojo. En la roca, palabra divina solidificada, se contiene la energía vital de la creación y, en conjunción con las corrientes de agua, puede transmitir esa energía para beneficio de los seres vivos.
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Desde antiguo la humanidad, en todas sus formas religiosas, ha reconocido y apreciado estas cualidades telúricas, levantando sus templos sobre tales rocas, por el doble poder que su energía interna les otorga. Uno, ser lugar idóneo para relacionarse con la divinidad. Dos, por su carácter reparador en la salud de personas y animales.
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El pequeño templo de Santa Cecilia, en Vallespinoso de Aguilar (Palencia), se eleva sobre un reducido pero agreste peñón, bajo cuyas rocas corre un manantial. Es una joya románica humilde, cuya riqueza no se aprecia en toda su magnitud hasta que no llegamos a su portada y penetramos al vacío interior. Sin embargo, ya su silueta, desde lejos, nos anuncia que estamos ante un templo especial. Su sencilla belleza, sobre el mágico peñón, es un descanso para el espíritu.
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El acceso al edificio, es casi un itinerario iniciático. Por unas escaleras talladas en la roca se pasa bajo un arco, que lleva a una escasa plataforma donde se encuentra la rica portada. A continuación, adosada al muro, una torrecilla cilíndrica nos permitirá el paso, a través de un estrecho pasadizo abovedado que se abre en su base cuadrada, hacia el ábside. Los lados norte y oeste son impracticables, pues la roca cae a pico hacia el abismo.
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Las figuras talladas en sus piedras son primorosas, a pesar de los desperfectos del clima y de la historia podemos todavía apreciar parte del fino trabajo, más propio de un artesano de la eboraria que de un cantero. El Magíster que creó estas obras, plenas de serena plasticidad, estética espiritualidad y profundo simbolismo, era de los mejores en su tiempo.
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Portada sur, un guerrero bien pertrechado vence al terrible dragón serpentario.
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Portada sur, combate entre centauros.
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Interior, capitel, Sansón vence y domina al león.
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Interior, capitel, de nuevo el guerrero domina al dragón serpentino.
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Interior, capitel doble, los vegetales crecen en espiral, como vórtices de energía...
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Por desgracia gran parte de su mensaje simbólico se ha perdido, pues el templo estuvo arruinado hasta 1958 en que fue restaurado, reconstruyéndose entonces parte de sus muros y bóveda que habían caído. Aunque, muchas de sus esculturas, ya habían sido robadas o destruidas.
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No obstante, ahí está su altar, elevado en el ábside a un nivel superior al de la nave, sobre la roca madre, proclamando la sacralidad, la magia del lugar, generada por la energía que emana de la Madre Tierra.
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Salud y fraternidad.

lunes, 25 de agosto de 2008

"Dijo el asno a la mula, anda allá orejuda"

"Digue l'ase a la mula: au allà orelluda".
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"¡Anda allá, orejuda..." [Foto: Bareyo, Cantabria, 21 marzo 2005].
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Puesto que nos despedimos, para las vacaciones estivales, con una “burrada” refranera y filosófica, consideramos lógico regresar de ellas con otra.
Está claro como el agua, que el refrán “Dijo el asno a la mula, anda allá orejuda”, censura a quienes señalan en los demás defectos que, a ellos, les son propios. O sea, otra forma de ver la paja en el ojo ajeno... e ignorar que se tiene una viga en el propio.
La plaga del “Fotos NO”, se extiende imparable y, del ámbito eclesiástico, la farisaica prohibición se ha propagado al espacio laico. ¿O no se ha propagado, sino que en esta Celtiberia de nuestros pecados no existe separación entre religiosidad y laicidad, sino que son diferentes “sepulcros blanqueados” -perdón "presuntos sepulcros"- pero llenos de la misma podredumbre?
Esto viene a cuento de un suceso, propio de la “ley del embudo” a que nos someten los estamentos oficiales, ocurrido en la persona de nuestro colega de pasiones románicas, Alberto Calderón, quien acaba de denunciar en su blog “Románico burgalés”, y cito textualmente:
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Me acabo de dar cuenta de que el Ayuntamiento de Burgos se ha apropiado descaradamente de unas imágenes mías como demuestran estos vínculos:
La Noche Blanca. Ayto. de Burgos
Románico Burgalés. Museo de Burgos
Románico Burgalés. Los sarcófagos paleocristianos del Museo de Burgos
No es que me parezca mal que las usen, pero me gustaría que por lo menos me pidieran permiso y avisaran de que son mías. ¿Qué me recomendaríais que hiciera?”.
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¡Para mi lo ancho, para ti lo estrecho! [Foto: Templo de San Martiño, San Martiño de Mondoñedo, Lugo, 17 julio 2008].
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Dijo el asno al mulo, quita allá orejudo. ¿Después de ésto, con qué autoridad, nos prohíben hacer fotos los herederos morales -perdón, "presuntos herederos"-, laicos y religiosos, de la “Santa” Inquisición? ¿Qué será lo próximo? ¿Multarnos por hacer fotos en los templos y museos, para luego vender en sus tiendas, de templos y museos, nuestras fotos “malamente habidas”? ¿Qué harían esas “autoridades”, si nosotros osáramos plagiarles algunas fotos de sus publicaciones? ¿Nos reirían la gracia, o nos demandarían por vía judicial, ya que el uso de la hoguera no se lleva esta temporada?
Yo recomendaría al amigo Alberto reclamar al “maestro armero”, puesto que no es juicioso meterse en juicios, y también que ejerza menos mansedumbre: prohiba el uso de sus fotos a semejantes individuos, ni siquiera aunque se disculpen y lo pidan con “los bracitos en cruz”.
Pero claro, yo no tengo su educación y cortesía, soy un grosero hereje radical. Para que alguien de esa calaña -perdón "presunta calaña"- eclesiástico-laica pudiera reproducir alguna foto mía, exigiría a cambio -ojo por ojo-, como mínimo, un “salvoconducto” que me permitiera hacer y reproducir, sin límites, cuanta foto quisiera de "sus" templos y museos. He incluso así, me lo pensaría. Los herejes, groseros y radicales, somos muy nuestros...
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Salud y fraternidad.

viernes, 22 de agosto de 2008

¡Muerto el burro, la cebada al rabo! (Primera parte)

Los españoles no han reparado nunca en la monstruosidad de que la Guardia Civil persiga rigurosamente al que cazó una liebre en coto ajeno y nada haga contra los honrados labradores que se llevan del monasterio abandonado unos capiteles visigodos para reparar sus cochiqueras.
J.A. Gaya Nuño (1913-1976) Historiador del Arte.

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El Monasterio de Santa María de Carracedo era el más rico del reino de León, en los siglos XII-XIII, incluyendo un Palacio Real anejo. En 1796 los monjes derriban el precioso templo románico, que consideran pequeño, y en 19111, mientras levantan el nuevo, las tropas de Napoleón, saquean el monasterio. Luego, en 1835, llega la desamortización de Mendizábal. Un hacendado compra el lugar, para vender las piedras que no habían arrasado los frailes o los franceses. Gentes del contorno se suman a la rapiña, caen claustros y estancias, para construir con su piedra bien labrada caseríos, palomares y establos. Sólo se salvaron, parte del Palacio Real, el Capítulo y su Sala Abacial, que, exceptuadas de la desamortización, fueron habilitadas para usos parroquiales. Y también, paradojas de la historia, se salvó aquella iglesia, amplia e insulsa, abandonada a medio construir, sobre las ruinas del desaparecido templo románico, tras haber reutilizado muchas de sus piedras.
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Numerosas voces ilustres y anónimas predicaron en el desierto, hasta que, en 1929, lo poco restante se declaró Monumento Histórico Artístico. De buenas intenciones está el Infierno lleno, porque ruina, abandono y saqueo continuaron casi hasta 1988-1991, cuando se emprenden obras de acondicionamiento. Hoy día, entre las remozadas migajas medievales sobrevivientes, magníficas incluso en su escasez, se celebran fiestas medievales, torneos, cenas, conciertos de música antigua... [Adultos 25 €, niños menores de 12 años 20 €. ¿Criadas y soldados media entrada...?]. Algo estupendo, cuando las alternativas eran las malas hierbas, la pérdida total, el olvido.
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Estupendo, salvo porque se presume de haber resucitado los huesos, mondos y lirondos, de un conjunto arquitectónico al que, hoy día, ni todo el oro del mundo puede devolver la riqueza perdida. En realidad, se ha producido el parto de los montes: “Parieron los montes y parieron un ratón”. Su “restauración” es irrisoria, porque no quedaba mucho que restaurar. Se ha tratado de una consolidación de las ruinas, para que no sigan arruinándose, con un lavado de cara general. Nos felicitamos por ello. ¿Cómo no hacerlo, a pesar de su aspecto de “parque temático”, con tienda de “souvenirs” incluida? Pero, según el diccionario, restaurar es: “Restablecer, volver a poner una cosa en aquel estado o estimación que antes tenía”. Y eso, está aquí muy lejos de lo ejecutado. Con frases oficiales tan bonitas como: “Carracedo, una vez restaurado, ha recobrado y consolidado mil años de historia”, se presume de lo improbable, tras haber olvidado lo posible.
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A quien corresponda. ¿Por qué, por ejemplo, se ha consentido que el cementerio anejo al templo siga en uso? ¿Acaso, como mal menor, no podía haberse dejado el cementerio tal como se encontraba y habilitar uno nuevo en lugar cercano? ¿Por qué, además, se consiente que las tumbas se amontonen cada más cerca de los muros absidales? ¿Y por qué, peor todavía, se admite que se levanten grupos de nichos? Es la lógica del absurdo: el cementerio es muy pequeño y, si se mantiene en uso, no queda más remedio que amontonar las tumbas. ¿De esta forma, consideran los “expertos” que se “consolidan mil años de historia”? ¿Qué será lo siguiente, cuando el camposanto esté lleno, levantar nichos de diez o veinte plantas adosados al crucero y ábside? ¿Abandonar, por fin, el abarrotado cementerio, tras haber convertido el exterior del templo en un lugar estéticamente tétrico, lleno de filtraciones y humedades, para abrir entonces un nuevo camposanto?
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Es la lógica del absurdo: el cementerio es muy pequeño y, si se mantiene en uso, no queda más remedio que amontonar las tumbas. ¿Consideran los “expertos” que esta es la forma de “consolidar mil años de historia”? ¿Qué será lo siguiente, cuando el camposanto esté lleno, levantar nichos de diez o veinte plantas adosados al crucero y ábside? ¿Abandonar, por fin, el abarrotado cementerio, tras haber convertido el exterior del templo en un lugar estéticamente tétrico, lleno de filtraciones y humedades, para abrir entonces un nuevo camposanto?
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Por mentir, o al menos exagerar, sobre esa "restauración", presumiendo falazmente de haber hecho algo que no ha hecho, sea condenado a picota y cepo, por tiempo indefinido. Y cuando la Madre Naturaleza lo reclame a su seno, que la tierra no le sea leve.
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Salud y fraternidad.

jueves, 10 de julio de 2008

"L'ase d'Arcadia, plé d'or i menja palla..."

"El asno de Arcadia, cargado de oro y come paja..."
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Aquí estoy, tan "juncal y bien plantao", para supervisar que mis laboriosos parientes, honrados trabajadores y filosóficos rumiadores, no digan "burradas" al narrar este cuentecillo. [Diapositiva: Villanueva de Valrojo, Zamora, 5 febrero 1989].
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Pues bien, una servidora, aunque me han puesto "a parir" y estoy para salir de cuentas -¡uf! este asnillo mío pesa una "burrada"-, les narrará esta historia como mejor pueda y sepa. Saquen vuesas mercedes la "moraleja". [Foto: Ferreras de Arriba, Zamora, 27 junio 2008].
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Templo de Saint Pierre, mediados s.XII, arquivoltas portada sur, Aulnay de Saintonge (Francia). [Diapositiva: 13 agosto 1992].
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Uno de los regocijos medievales, era la Fiesta del Asno. Ocasión lúdica, donde invertir los valores y status sociales. Ocasión para, mediante la burla más descarnada, dar rienda suelta a frustraciones, desengaños y obediencias rudamente impuestas. En las arquivoltas de este templo galo aparece ese carnaval en toda su crudeza, está el asno revestido como sacerdote que lee un libro puesto del revés.
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Ídem, arquivoltas portada sur. [Diapositiva: 8 agosto 1982].
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Y está, también, el asno músico, que toca de oído una melodía que no comprende. De jugoso simbolismo, además del burlesco, y sobre el que trataremos en mejor ocasión.
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Todavía hoy, en numerosos lugares, quedan reminiscencias de aquella medieval Fiesta del Asno, en la que los laboriosos, tercos y sufridos borriquillos participamos con más o menos alegría, pero buen empeño ¿Quién es aquí el más burro?. [Fiesta de "Las Móndidas", San Pedro Manrique, Soria, Diapositiva 24 junio 1999]
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Pero no todo son burlas y befas, a veces también ocupamos lugares de honor, como en esta fiesta simpática de arrieros, donde encabezamos la cabalgada portando al dulzainero y al tamborilero. [Fiesta de "La Caballada", Atienza, Guadalajara, Diapositiva: 3 junio 1990].
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¿Les ha gustado la narración de mi prima? Pues sus graciosas humanidades lo pasen bien, aunque no quiero despedirme sin aclarar una cosa. El refrán introductorio y titulativo, tiene una lectura oculta:
"El asno de Arcadia, cargado de oro y come paja", no resalta, como parece a primera vista, la estupidez "estúpidamente estúpida" atribuida a nuestra especie. Sino una sabia enseñanza, que deberías aplicaros: "No dejes lo verdaderamente valioso, la paja, por lo aparentemente importante, el oro", o como dice otro refrán vuestro "Más vale pájaro en mano, que ciento volando". A buen entendedor, con dos grandes orejas basta... [Foto: Ferreras de Arriba, Zamora, 27 junio 2008].
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Dedicado a Baruk, que me estará "escuchando".
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Salud y fraternidad.
Y buen verano al personal, en general. Marcho a lomos de asno, por esos caminos de la Diosa. Si ella lo permite, volveremos "a olernos" en agosto.

martes, 8 de julio de 2008

"Columba romanicae": arquitectura, zoología, sexo y sociedad.

Templo de San Juan, ábside, mediados s.XII, Uncastillo (Zaragoza).
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En el bestiario románico, hay un animal viviente amigo por excelencia de la humanidad medieval: la paloma. Ello no tiene nada que ver con la extraña circunstancia de que, el ave más peleona y lasciva del reino animal, fuese símbolo de pureza y representación del Espíritu Santo, transmisor a la Virgen de su aceptado -aunque no solicitado- divino embarazo. Allá con su conciencia, el inventor de este símbolo. El caso es, que las palomas adoran utilizar los tejados románicos como improvisados aeropuertos, las cornisas como reposaderos, y los diversos huecos como lugares de nidificación.
Lo normal es encontrar techos románicos cubiertos de teja, funcional y barata, aunque el medievo emplea también, cuando la economía lo permite, lajas de piedra. Lo malo es que, las lajas, no dejan hueco a las palomas para sus nidos.
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Ídem. mechinales del muro absidal, sureste.
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Pero no importa, los lascivos y simbólicos volátiles son de fértil imaginación. Aquí han sustiuido, los huecos de las tejas, por los mechinales del muro, esos huecos que dejan los andamios de madera entre los sillares, cuando los constructores retiran las vigas de sustentación y no se molestan en rellenarlos. Son unos magníficos nidales y están muy disputados, por las parejas que crían, pues representan una fortaleza ante el ataque de rapaces siempre al acecho.
La sociedad románica sacaba gran provecho de las palomas, no solo simbólico-religioso, puesto que el excremento de estas aves, la "palomina", es un fertilizante de gran calidad. Este guano abonó infinidad de medievales cosechas, produjo abundantes trigos y salvo del hambre a numerosos pueblos. Por otra parte, los pichones y los ejemplares mayores servían de alimento corriente. En los grandes espacios cerealistas, de los reinos hispanos, todavía quedan cantidades apreciables de los palomares, de adobe, en que se criaban estas santas, lujuriosas y prácticas avecillas. Pero, esa, ya es otra historia y será contada en otro momento...
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Salud y fraternidad.

jueves, 3 de julio de 2008

¡Fotos no, gracias! ¡Que no, puñetas!

Ojos de asombro, tan grandes como éstos arcos, se nos quedaron aquel día... Templo de San Miguel, 1081, galería porticada, San Esteban de Gormaz (Soria). [Foto 28 diciembre 2006].
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En el reino de las anécdotas, sucede igual que con las historias noveladas: la realidad siempre supera a la ficción.
Allá por los años 80 del pasado siglo -el XX, quiero decir-, recalamos en San Esteban de Gormaz, viejo pueblo soriano que, entonces, dormitaba en una dorada decadencia. No obstante, su precioso templo de San Miguel estaba siendo interiormente restaurado. Nos colamos de rondón, entre andamios, herramientas y albañiles, sin mayores impedimentos. Nadie entre los presentes nos prohibió el paso, ni que andurreáramos por la nave curioseando a placer.
Pero... ¡Oh, infaustos hados! Tuvimos la "obscena" ocurrencia, de sacar la cámara de fotos y apuntar hacia los capiteles del arco triunfal. Entonces, la monótona calma de los trabajadores se vió bruscamente interrumpida por un vozarrón tonante: "¡Alto ahí, nada de fotos! ¡No, no, nada de cámaras! ¡Mirar, lo que quieran, pero ni una foto!". Quien así bramaba, agitando los brazos con exagerados gestos resultó ser el guarda del monumento. El cual, por estar acompañado del arqueólogo y el arquitecto, hacía valer su "autoridad" para que sus superiores viesen "lo bien" que la ejercía.
Bueno, pues pedimos humildes disculpas. Y al no podernos servir del teleobjetivo, decidimos examinar los dichos capiteles con unos prismáticos que, entonces, acostumbrábamos llevar para casos extremos. ¿Quién podía suponer que, nuestro inocente decisión, iba a desatar todos los demonios del Averno?
"¡He dicho que nada de fotos! ¡Nada de cámaras! ¡Que no, puñetas! ¿Es que no tienen educación...? ¡Fuera de aquí, ahora mísmo! Bla, bla, bla...!"
El guarda, enrazado en energúmeno, se arrancó de improviso para apostrofanos como a villanos, falaces y soeces. Intentamos parar aquel torrente de imprecaciones, alegando que no habíamos transgredido sus admoniciones, que aquello no era una cámara, que no hacíamos fotos, que eran unos simples prismáticos. Pero no había manera, ya el endríago aquel se abalanzaba hacia nosotros, con intención de expulsarnos por la fuerza, cuando el arqueólogo y el ingeniero, partidos de la risa, lo detuvieron del brazo. Con palabras entrecortadas por las carcajadas, atinaron a calmarlo, pero aunque le explicaron que "prismáticos" no son "cámara", el persistió en sus trece y sólo consintió en dejarlo estar "si no usábamos ni una cámara, ni la otra..." Antes muerto, que ceder en la "santa" misión que le había sido encomendada. Y, aunque nuestros "salvadores", nos dieron toda clase de explicaciones, sin fotos nos quedamos. Desde entonces, hasta que los jubilamos, aquellos prismáticos se quedaron con el apodo de "la otra camara".
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Salud y fraternidad.

martes, 1 de julio de 2008

¡Aquellos chalados, con sus locos cacharros... y San Manuel Bueno!

¡Concentración de nostálgicos del 2CV! Un aire "pop" para el románico. Templo de Nuestra Señora del Azoque, s.XII-XIII, Puebla de Sanabria (Zamora). [Foto, 28 junio 2008].
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El otro día, la Xana Senábriga, dueña y señora del lago de Sanabria, andaba con ganas de broma y la tomó con nosotros. Al arribar a la Puebla de Sanabria, ¡zas!, nos topamos una caravana de nostálgicos del coche "2CV". Una docena, que no había encontrado marco más adecuado, a su colorista exhibición, que la plaza del templo. La ocupaban toda, los más afortunados aparcaron ante sus gradas, buscando la bendita sombra del monumento. Comprensible. ¡Porque hay que ver, lo que se calienta esa carrocería al sol! -Si lo sabremos nosotros, que tuvimos un "Diane6", primo hermano de éstos "cacharros"-.
Total, que si queríamos alguna foto del templo teníamos que inmortalizar con nuestra cámara, involuntaria pero obligatoriamente, los vehículos y a sus dueños. Porque no había modo, y gracias que la portada se pudo "retratar" de medio lado, mientras maldecíamos con sapos y culebras. En silencio, eso sí, que la educación es lo primero.
Luego partimos, raudos, pero prudentes. En busca de un lugar donde saciar el apetito y olvidar la impertinente caravana arcoiris.
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¡Hoy los tiempos adelantan...! Y los "buses" también. Monasterio de San Martín, 1150, San Martín de Castañeda (Zamora). [Foto, 28 junio 2008].
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Llegamos, al poco, a San Martín de Castañeda. Reparamos fuerzas, con ensalada de habones de La Puebla, trucha del Tera y cordero sanabrés, rematando con universales tocinillos de cielo, bajo un ameno y sombreado cañizo. Una delicia, vámos, pero la Xana seguía al acecho. Y cuando estábamos para marchar... ¡Aparecen los "chalados" con sus "cacharros"!
Aunque, por suerte la ídem vuelve a sonreirnos. Ellos no siguen camino, sino que se detienen a comer donde, nosotros, habíamos sacado el buche de mal año. ¡Bien!, dijimos, ¡apresurémonos antes que tomen el monasterio por asalto y no haya forma de sacar una sola foto!
¡Ay! ¡La Xana, desde el fondo del cercano lago, se carcajeaba de nuestra ingenuidad! Cuando nos regocijábamos por haber adelantado a la "troupe" de los 2CV, un inmenso autocar se coló de rondón ante el muro norte del monasterio. Pero eso no era todo, cuando cabizbajos llegamos allí: ¡Un coche, holandés, con su remolque-caravana, estaba a continuación del autocar!, gozando ambos de la románica sombra.
Allí estaban tan orondos, los holandeses, con su mesita, sus sillas y sus refrescos, en un frescor sombreado que nos "timaba" las fotos, de ese lado del crucero. Que, casualmente, es el lado bueno del monumento, donde se conserva mejor la arquitectura -aparte del ábside-.
Hicimos lo que pudimos, fotográgicamente hablando, y emprendimos el descenso. No dejamos de mirar, de reojo, las oscuras aguas del lago, con cierto rencor hacia la Xana y un cariñoso recuerdo para "San Manuel Bueno, mártir", unamuniano párroco de la sumergida aldea de Valverde de Lucerna...
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"San Martín de Castañeda,
espejo de soledades,
el lago recoge edades
de antes del hombre y se queda
soñando en la santa calma
del cielo de las alturas
en que se sume en honduras
de anegarse, ¡pobre!, el alma..."
(Miguel de Unamuno).
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Salud y fraternidad.