Antes de eso, el lugar estuvo habitado por los musulmanes, y dependía de la provincia de las Alpujarras incluida en la cora de Xaén.
Y, al fondo de todo, encontramos los habitantes paleolíticos campando por estos cerros de Mágina, de cuya presencia nos ha quedado, entre otras, la Cueva de los Esqueletos, con pinturas y una curiosa necrópolis.
Dicen unos, que el Azanitín, nombrado Naitín en el habla local, toma su nombre del árabe "Az-naitín", con el significado de "fortaleza de la higuera". Pero otros, abundan en un significado anterior, muy anterior, reinterpretado por los conquistadores árabes.
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Neitin, es dios de los guerreros y del mundo de los muertos, su animal totémico es el buitre, que al descarnar los cadáveres facilita la liberación de las almas ayudando a que pasen al más allá. Como divinidad del submundo, es señor de los elementos caóticos o fuerzas primordiales de la naturaleza: el rayo, la tempestad, al tiempo que actúa de guía y juez de dichas almas, mientras es guardián de los tesoros subterráneos.
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Se cuenta, que al llegar a esta zona las huestes castellanas, haciendo retroceder a los árabes, un moro muy rico decidió esconder sus tesoros en dicha cueva, en la creencia de que ello sería más seguro que transportarlo todo por los caminos, teniendo en cuenta, además, que estaba convencido de ser esta retirada algo provisional, y que en no mucho tiempo podría regresar seguro a su estado anterior.
Cargó todo su haber en varios mulos y se encaminó a la cueva, con gran sigilo, más no tanto que no fuese visto, casualmente, por un joven de Albanchez, llamado Malverano, quien lo siguió intrigado. Presenció el curioso, su entrada en la cueva, esperó, y al cabo de varias horas lo vio salir solo y sin carga alguna.
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Tras mucho cavilar, decidió revelar su secreto a varios íntimos del pueblo, aunque ello supusiera compartir también el tesoro. Quedaron convenidos en salir al otro día para la cueva, pero al momento de la partida, al tío Malverano le falló el corazón, y mientras exhalaba su último aliento, tan solo acertó a decir, como guía para encontrar la riqueza oculta: "Frente a la cabeza del toro está el tesoro..."
No es preciso rebuscar mucho, para ver el paralelismo entre la gruta laberíntica, con un toro en su interior, y la leyenda del Minotauro. Y también, para conectar este "toro" cuya cabeza señala un tesoro, con los toros de piedra de la cultura céltica, pastoril, que en tantos lugares de Hispania cuentan con leyendas similares, referidas a una gruta o subterráneo, un tesoro y la cabeza de un bóvido que sirve como señal.
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Son de ordinario esquivos, evitando encontrarse con los humanos, de modo que por el día se ocultan en las cuevas de la serranía, y por las noches salen para alimentarse. Tan solo cuando la necesidad los empuja, porque la sequía o las nevadas hacen escaso el alimento, bajan de las cumbres a saquear huertos y graneros. Entonces, si son descubiertos y acorralados, emplean toda su astucia, ferocidad y crueldad, para salirse con la suya. De modo, que pocos han sobrevivido para contar sus encuentros con estos seres. Incluso, se cuenta, que en casos de extrema penuria alimenticia, han llegado a comer carne humana, tras matar o mutilar a los campesinos que pillaban desprevenidos.
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En estas tierras arriscadas, la lucha por la vida y el secular aislamiento, la subordinación a los fenómenos naturales y el temor al incierto porvenir, ha propiciado que todo se revista con una aureola mágica, de modo que los sincretismos, religiosos y culturales, han sobrevivido con una fuerza que en otros lugares ya se ha desvanecido.
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El mejor ejemplo de lo dicho, nos lo ha proporcionado un "albanchurro" de pro, con un verso lapidario:
En el Aznaitín afila
su cuchillo la tormenta..."
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Salud y fraternidad.






